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SUEÑO DE MAR Y VIENTO

                                 SUEÑO DE MAR Y VIENTO

                                         (JOSE ALBERTUS GARCIOLO)

                       Hallábanse dos barcos levantados en sus varaderos, tal como estatuas esculpidas. El uno, joven y esbelto, ataviado éste en sus nuevas vestimentas y su largo mástil apuntando hacia el cielo, cual falo erecto. El otro, viejo y encorvado y casi esquelético, mostrando con orgullo sus heridas en sus costados, heridas que no cicatrizarán jamás. Soñando quizá en volver a cruzar los océanos y luchar una vez más, aunque sólo fuese una vez, contra la marea y los vientos impetuosos, como hiciera anteriormente en su juventud. Juventud, muy a pesar suyo, ya lejana. ¡Ah, qué tiempos aquéllos! ¡Qué sensación de felicidad nadar entre las olas y dejarse acariciar por los vientos, y escuchar las voces y canto de los marinos al sacar las redes de entre las aguas! ¡Qué maravilloso y qué lejano a la vez! Ahora, en su retiro, sólo le quedaba soñar. Soñar y jugar con los chiquillos a piratas y bucaneros. Pero sus días estaban contados. “Diez días contados, a partir de hoy, debe abandonar su retiro y entregarse a la muerte. A partir de ese tiempo sería condenado por hereje a perecer en la hoguera”. Así constaba en el documento firmado por el Inquisidor Mayor, el mismo que tuviera en su mesa pescados traidos por él. ¡Oh, capricho del destino! Transcurridos los diez días de plazo, y habiéndose negado al destierro, fue cumplida la sentencia en una triste madrugada del mes de agosto. Ni una queja, ni un lamento de dolor dejó oir al ser preso de las llamas, entregandose valientemente a su muerte, ardiendo con él su sueño de mar y viento. Ya no volvería a navegar, ya no recibiría la visita de los niños. Sólo quedaría de él el recuerdo en unos pocos. El mar, que tantas veces luchara contra él, al presenciar su muerte, rugía rabiosa, queriendo arrastrarlo hacia sí entre sus brazos. El viento, viejo enemigo, soplaba con furia queriendo aligerar su muerte. El viejo barco permanecía quieto y lleno de orgullo, era su última victoria contra sus dos enemigos.

           -¡Agua, traed agua! –se oyó de entre el viento. Y enseguida se dispusieron a apagar el fuego; pero el viejo ya había muerto. El joven y presumido barco junto a él, ardía aún.

               Preciosa historia, llena de ternura. Los seres humanos somos asi de desagradecidos, nos deshacemos de las cosas viejas que ya no nos sirven, sin pararnos a pensar el bien que hayan podido hacernos durante, quiza, mucho tiempo.

               Pero, lo duro,es ver que eso tambien esta ocurriendo entre las personas, a los mayores se les aparta y se  les trata como a muebles inservibles, sin pensar que han dedicado casi toda su vida a luchar por los suyos,

              Estos hijos, que abandonan a sus padres en cualquier residencia olvidandose de ellos, deberian pararse a pensar . . . que ellos tambien se haran mayores.

               La ley del Universo es devolver diez por uno, en lo bueno y en lo malo.

              Gracias, Amigo Jose, por escribir cosas como esta, y por permitirme publicarlas en i blog, para mi es un orgullo poder hacerlo

 

                                                                               MARY 

    

2 comentarios

  1. Ozé

    Hola, guapa, andaba por aquí cerca y me pasé a saludarte. Has hecho de mi cuento una obra de arte.Un abrazo

    12 marzo, 2009 en 20:15

  2. Mickael

    Precioso cuento,acertada ilustracion y maravilloso comentario, si, yo tamben estoy de acuerdo en decir que es una obra de arte.

    23 marzo, 2009 en 7:43

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